El poder de la visión compartida

Pocas fuerzas hay tan poderosas como una visión compartida. La visión en una organización genera un vínculo en común que orienta todas las acciones. Nada existe hasta que hay una visión, pero una visión sin propósito y sin vocación no es más que una buena idea.

 

En la mayoría de organizaciones la visión viene impuesta por una persona, pero estas visiones están vacías, no existe propósito, no generan el compromiso en los demás, no emocionan.

Es necesario generar una visión compartida que sea el reflejo de la visión individual de cada una de las personas que la componen. Cuando las personas comparten una visión están conectadas generando un vínculo común que les transciende, una energía que se muestra como palanca de cambio.

La visión compartida permite pasar de “la organización de ellos” a “nuestra organización”.

Una de las características principales de los equipos de alto rendimiento es la visión compartida, donde la tarea no está separa del Yo, existe un vínculo emocional con el objetivo para el que se trabaja.

La visión compartida es la suma de visiones personales:

Tu visión no es importante para mi, la única visión que me mueve es la mía propia.

Para poder desarrollar una visión compartida es importante desarrollar en primer lugar la visión personal, ofreciendo el espacio adecuado para que ésta surja. Una visión no debe ser lanzada de arriba hacia abajo, debe ser cocreada. El proceso a través del cual la visión llega a ser compartida es más importante que su origen.

 

Actitudes posibles ante una visión:

Compromiso Queremos la visión. Lograremos concretarla. Crearemos las estructuras que sean necesarias.
Alistamiento Queremos la visión. Haremos lo que sea posible dentro “del espíritu de la ley”.
Acatamiento genuino Vemos los beneficios de la visión. Hacemos lo que se espera y más.
Acatamiento formal Vemos los beneficios de la visión. Hacemos lo que se espera y nada más.
Acatamiento a regañadientes No vemos los beneficios de la visión, pero tampoco queremos perder el trabajo. Hacemos lo que se espera de nosotros porque no queda más remedio, pero damos a entender que no formamos parte.
Desobediencia No vemos los beneficios de la visión y no hacemos lo que se espera. “No lo haré, no podéis obligarme”.
Apatía No estamos a favor ni en contra. No manifestamos interés ni energía.

“La quina disciplina”. Peter Senge

 

En la mayoría de organizaciones las personas se encuentran entre el acatamiento formal y genuino.

Compromiso conlleva sentirse plenamente responsable de alcanzar la visión:

No sigo las reglas del juego, soy el responsable del juego.

Las personas que acatan sólo aceptan la visión pero no la quieren por si misma, no se vinculan con ella.

Por otro lado, en muchas organizaciones imperan “visiones negativas”. Estas visiones responden a la pregunta: ¿Qué queremos evitar?, sólo mantienen unida la organización o al equipo cuando algo les amenaza. Se trata de visiones limitantes cuya energía se orienta a evitar algo, no en crear algo nuevo. Subyace el poder del temor en lugar del poder de la aspiración. Son visiones a corto plazo, puesto que desaparecen cuando la amenaza deja de existir.

Las visiones se propagan por un proceso reforzador de entusiasmo, claridad, comunicación y compromiso. A medida que las personas hablan de las visiones éstas se hacen más nítidas y cuanto más nítidas son más vínculo y entusiasmo generan.

 

Fuente fotografía: National Geographic.