Necesitamos líderes valientes

Dedico este post a los y las líderes valientes. No hablo sólo de la valentía para asumir grandes riesgos, liderar un cambio o afrontar decisiones difíciles. Hablo de la valentía de la humanidad y el sentido común, el valor de caminar con el corazón al descubierto.

Se trata de líderes que hacen de la gestión de personas un ARTE. Los líderes valientes no son aquellos que dicen “esta persona no sirve”, “no tiene talento” o “la organización no le compromete”. Son aquellos que se cuestionan qué responsabilidad tienen sobre ello. No esperan tener personas de talento innato, ellos mismos se encargan de detectar y hacer aflorar el talento oculto que la mayoría de veces pasa desapercibido. Hacen de las personas la diferencia. ¿Cómo? Trabajando con su gente, indagando, colaborando, apasionando, mostrando un interés genuino por esas personas.  Las cosas importantes no se ven tras la mesa de un despacho.

 

Hablo de aquellos que no necesitan sirvientes, sino que se ponen al servicio de su propia gente.

 

Afrontan todo tipo de situaciones cara a cara, no sumergen su cabeza en la tierra esperando que pase el temporal. Se sienten responsables de lo que acontece y hacen que las cosas pasen. Los hechos hablan por ellos y no su posición en un organigrama.

No esperan ser reconocidos simplemente por el lugar que ocupan, si no por aquello que saben o que hacen.

Basan sus relaciones en la confianza. Una confianza fundamentada en la sinceridad (dicen lo que piensan), fiabilidad (hacen lo que dicen) y competencia (disponen de los recursos, conocimientos y habilidades necesarias: pueden hacerlo).

 

Este liderazgo se escribe con H de Humanidad, Humildad, Humor y Hechos.

 

Simplemente hablo de héroes cotidianos, llenos de arañazos. No se encuentra un valiente con el traje impecable. Aquellos que son capaces de hacer que te enamores de tu trabajo, que conectan corazón con su equipo, de persona a persona.

 

A todos ellos y ellas, ¡gracias!.