Un nuevo orden emergente


Una organización 2.0 no lo es sólo por incorporar el uso de las TIC y herramientas 2.0 en su gestión, sino por interiorizar una serie de valores que son inherentes a estos nuevos entornos y que tienen un alto impacto en la cultura organizativa.

En este sentido, se hace referencia a valores tales como: compartir información y conocimientos, colaboración, co-creación, transparencia, confianza y flexibilidad en las relaciones profesionales, horizontalidad, agilidad y creatividad, entre otros.

La empresa 2.0 hace referencia a un modelo de organización donde la comunicación fluye generando una cultura participativa, en la que se co-crea aprovechando el conocimiento de todos los miembros de la organización y construyendo conocimiento colectivo. Para favorecer la implementación de este tipo de cultura, será necesario modificar las estructuras organizativas, es decir, los actuales modelos jerárquicos no favorecen la implementación de estos valores, la creación de una cultura colaborativa, co-creadora, que incentive y fomente la participación. En este sentido surge el término “Redarquía” (Cabrera 2009) complementario al de jerarquía.

Según Cabrera, la redarquía está basada en relaciones de participación que surgen espontáneamente entre personas con intereses similares. Es un orden emergente (de abajo arriba) que surge como resultado de las relaciones de participación y los flujos de actividad generados en los entornos colaborativos. Las principales características que definen las estructuras redárquicas son: la colaboración, autogestión, transparencia, emergencia, coherencia, participación, interdependencia, apertura, adaptabilidad, libertad y aprendizaje; todas ellas directamente relacionadas con los principales elementos que constituyen la cultura organizativa 2.0.

El término de redarquía, tal y como afirma Cabrera, no substituye a la organización jerárquica, sino que la complementa. La jerarquía es necesaria por ejemplo para la alineación organizativa, el apoderamiento, la toma de decisiones o la asignación de responsabilidades; la redarquía por otro lado aporta la posibilidad de crear organizaciones más transparentes, colaborativas, dinámicas, ágiles y flexibles.

Ante las nuevas estructuras organizativas planteadas, cobra especial relevancia la adaptación de las políticas de recursos humanos a estas nuevas necesidades organizativas y de gestión. Más allá de la incorporación y uso de las nuevas tecnologías será necesario empezar a desarrollar una cultura organizativa que integre estos valores y comportamientos.

 

Fuente fotografía: “Montañista en los Highlands escoceses“, National Geographic.